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Dolores Jiménez Alcántara, también
conocida como la Niña de la Puebla, nombre artístico que llevó por el
pueblo sevillano que la vio nacer el 28 de julio de 1908, La Puebla de
Cazalla.
Su padre era peluquero y fue el que le escribió la mayoría de sus
canciones, pero había heredado la afición por cantar de su madre, que la
tuvo cuando sólo tenía 16 años.
Dolores perdió la visión a los pocos días de nacer, siendo este un hecho
que marcaría toda su vida, e incluso su imagen ya que siempre la pudimos
ver con sus famosas gafas negras.
Para que Dolores pudiera estudiar y prepararse, sus padres decidieron
trasladarse a Madrid, donde tendría más oportunidades y allí
permanecieron hasta que regresaron a Morón de la Frontera, al finalizar
su etapa de estudiante.
Allí, en Morón fue donde actuó por primera vez en público y en concursos
de cante en Marchena y Osuna.
Varias actuaciones en Sevilla y más tarde se traslada de nuevo a Madrid
donde comenzó la carrera artística de la que fue una de las más grandes
cantaoras de flamenco y de copla andaluza.
Con 24 años graba su primer disco, del que era autor de la letra su
padre y ella de la música, y nunca imaginó que podía conseguir un éxito
tan importante como fue Los campanilleros, una canción que ha quedado
para la historia de la música y que ha versionado muchos cantantes. El
año 1933, colaboró en la película Madre Alegría y ese mismo año presentó
un descubrimiento que había hecho de un joven cantante, se trataba nada
más y nada menos que Juanito Valderrama, al que llevaría en su compañía.
Dolores estuvo casada con el cantaor Luquitas de Marchena, con el que
recorrió la geografía de España ofreciendo recitales en los que también
participaron los más grandes como Estrellita Castro, Niña de los Peines,
Pepe Pinto, Manolo Caracol, Manuel Vallejo, Antonio Molina o Rafael
Farina e incluso en algunos de ellos sus hijos, Pepe y Adelfa Soto, muy
buenos cantaores que continuaron la tradición familiar por el cante.
En los últimos años de su vida se le hicieron muchísimos homenajes, por
ser considerada una de las cantaoras más completas que hemos tenido, con
una personalidad propia y una voz que no se parecía a la de ninguna otra
cantante.
La Niña de la Puebla se fue cantando por solea. Estaba dando un recital
en una peña de Huelva cuando se desplomó en directo, siendo trasladada
al hospital falleció en Málaga el 14 de junio del año 1999, unos días
antes de poder recibir, como estaba previsto, en Santiago de Compostela
la Medalla de Oro de las Bellas Artes de manos del Rey Juan Carlos.
Era una mujer culta, que además de pasión por el cante lo tenía por la
lectura comprando en sus multiples viajes a Madrid libros en braille,
sobre todo de Cortazar, Roa Bastos o Victor Hugo, sus favoritos.
En el cine, la Niña de la Puebla tuvo dos incursiones en forma de breve
intervención en las películas Madre Alegría, el año 1935 y El alma de la
copla, en 1965 y en Televisión Española le dedicó el programa Cantares
del 25 de agosto de 1978.
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