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En 1956 salió de mi máquina
de escribir el primer guión de «EL CAPITÁN
TRUENO». Se había presentado la ocasión de
realizar algo que yo quería hacer desde hacía
mucho tiempo: crear un personaje de caballero
andante que, contemporáneo de Ricardo «Corazón
de León» y Gengis Khan, se moviera por una Edad
Media hacia la que me habían atraído
irresistiblemente los maravillosos relatos del
Ciclo Artúrico... En efecto, los Caballeros de
la Tabla Redonda, el Rey Arturo y la Reina
Ginebra, el Mago Meríín y los demás personajes
apasionantes que evolucionan entre Camelot y
Tintagel, o por la mítica floresta de
Broceliandia, me habían acompañado durante la
infancia y la adolescencia. Una cosa me había
fascinado especialmente de los citados
caballeros: su defensa de los débiles y
oprimidos, el acendrado espíritu de justicia que
lanzaría más tarde al buen Don Quijote al
combate contra todos los bellacos y malandrines,
alados dragones y gigantes Caraculambrios y
Briaceos, que siempre ensombrecen nuestras
vidas... Con los resultados que sabemos, ya que
el bravo caballero de la Mancha, no evoluciona en
un mundo míticamente edulcorado, como Lanzarote
o Galahad, sino en un mundo cruelmente verídico
como es el descrito por ese genial escritor
realista que es Cervantes.
Por todo ello -y también
por la influencia de la difícil época en que
fui joven- quise que EL CAPITÁN TRUENO fuese un
justiciero o, como diríamos tal vez hoy, un
defensor de los Derechos Humanos. Y le quise
solidario, sí, pero no solitario. Por eso inventé
para él dos compañeros tan extraordinarios como
son el forzudo GOLIATH, con tanto sentido común
como hambre atrasada, y el avispado y
valiente CRISPÍN. Como a todo caballero andante
de pro, le faltaba al CAPITÁN TRUENO una dama. Y
esa dama fue SIGRID, hija adoptiva del pirata
RAGNAR, verdadera hija del rey THORWALD de Thule,
y reina más tarde de aquella isla del norte
brumoso. Una mujer de verdad, capaz de tomar
sabias decisiones y defenderlas con la espada en
la mano si llegaba el caso, sin perder por ello
ni un ápice de su belleza y dulzura.
MIGUEL AMBROSIO ZARAGOZA, el
gran «AMBRÓS», fue quien dio forma a todo lo
que yo había escrito. La tremenda vena popular y
simpatía arrolladora de su dibujo, la
extraordinaria legibilidad de su grafismo, su
imaginación desbordada a la hora de crear los
mas estrafalarios personajes, han contado muchísimo
en la conquista que -lo digo sin ninguna vanidad
por mi parte- hicimos ambos de los corazones de
millones y millones de lectores. EL CAPITÁN
TRUENO apareció en el mismo año en que, tímidamente,
surgían en España unos cuantos televisores...
el público infantil y juvenil no tenía, como
tiene hoy, tan formidable entretenimiento... Esto
podría explicar el éxito ininterrumpido de EL
CAPITAL TRUENO durante varios años... Pero lo más
extraordinario del caso es que, tras haberse
reeditado varias veces, EL CAPITÁN TRUENO sigue
siendo, hoy día, el «cómic» de mayor venta en
España. Creo, sinceramente, que no se pueden
encontrar muchos amigos tan fieles y generosos
como él. |