El Capitán Trueno, según Víctor Mora

En 1956 salió de mi máquina de escribir el primer guión de «EL CAPITÁN TRUENO». Se había presentado la ocasión de realizar algo que yo quería hacer desde hacía mucho tiempo: crear un personaje de caballero andante que, contemporáneo de Ricardo «Corazón de León» y Gengis Khan, se moviera por una Edad Media hacia la que me habían atraído irresistiblemente los maravillosos relatos del Ciclo Artúrico... En efecto, los Caballeros de la Tabla Redonda, el Rey Arturo y la Reina Ginebra, el Mago Meríín y los demás personajes apasionantes que evolucionan entre Camelot y Tintagel, o por la mítica floresta de Broceliandia, me habían acompañado durante la infancia y la adolescencia. Una cosa me había fascinado especialmente de los citados caballeros: su defensa de los débiles y oprimidos, el acendrado espíritu de justicia que lanzaría más tarde al buen Don Quijote al combate contra todos los bellacos y malandrines, alados dragones y gigantes Caraculambrios y Briaceos, que siempre ensombrecen nuestras vidas... Con los resultados que sabemos, ya que el bravo caballero de la Mancha, no evoluciona en un mundo míticamente edulcorado, como Lanzarote o Galahad, sino en un mundo cruelmente verídico como es el descrito por ese genial escritor realista que es Cervantes.

Por todo ello -y también por la influencia de la difícil época en que fui joven- quise que EL CAPITÁN TRUENO fuese un justiciero o, como diríamos tal vez hoy, un defensor de los Derechos Humanos. Y le quise solidario, sí, pero no solitario. Por eso inventé para él dos compañeros tan extraordinarios como son el forzudo GOLIATH, con tanto sentido común  como hambre atrasada, y el avispado y valiente CRISPÍN. Como a todo caballero andante de pro, le faltaba al CAPITÁN TRUENO una dama. Y esa dama fue SIGRID, hija adoptiva del pirata RAGNAR, verdadera hija del rey THORWALD de Thule, y reina más tarde de aquella isla del norte brumoso. Una mujer de verdad, capaz de tomar sabias decisiones y defenderlas con la espada en la mano si llegaba el caso, sin perder por ello ni un ápice de su belleza y dulzura.

MIGUEL AMBROSIO ZARAGOZA, el gran «AMBRÓS», fue quien dio forma a todo lo que yo había escrito. La tremenda vena popular y simpatía arrolladora de su dibujo, la extraordinaria legibilidad de su grafismo, su imaginación desbordada a la hora de crear los mas estrafalarios personajes, han contado muchísimo en la conquista que -lo digo sin ninguna vanidad por mi parte- hicimos ambos de los corazones de millones y millones de lectores. EL CAPITÁN TRUENO apareció en el mismo año en que, tímidamente, surgían en España unos cuantos televisores... el público infantil y juvenil no tenía, como tiene hoy, tan formidable entretenimiento... Esto podría explicar el éxito ininterrumpido de EL CAPITAL TRUENO durante varios años... Pero lo más extraordinario del caso es que, tras haberse reeditado varias veces, EL CAPITÁN TRUENO sigue siendo, hoy día, el «cómic» de mayor venta en España. Creo, sinceramente, que no se pueden encontrar muchos amigos tan fieles y generosos como él.